Los argumentos que defienden esta afirmación están injustificados ya que apenas 1 de cada 10 personas empleadas en España son extranjeras.

La tasa de paro de la población española es del 19,89%, mientras que la de la población extranjera es del 28,38%, lo que supone casi 8,5 puntos de diferencia entre ambas. De esta manera, el número total de altas en la Seguridad Social en España en el último trimestre de 2015 era de 45.500, de las cuales tan sólo 9.800 correspondieron a extranjeros (INE, 2015).

Por otro lado, las personas inmigrantes no sólo tienen mayores dificultades de acceso a un empleo, sino que, además, las condiciones laborales suelen ser precarias y desfavorables.

Estudios indican que las personas inmigrantes cobran la mitad de salario de media que las españolas. Además, los puestos de trabajo a los que suelen acceder pertenecen a sectores muy inestables. Incluso cuando tratan de acceder a empleos para los que están cualificados sus estudios y titulaciones no son reconocidos. Para mayor agravante, algunos sufren el rechazo de los empleadores y empleadoras debido a su procedencia (Stop Rumores, 2013).

A diferencia del rumor tan extendido, los extranjeros inyectan a las cuentas públicas dos o tres veces más de lo que cuestan (Expansión, 2015). De hecho, con sus aportaciones ha disminuido el déficit de la Seguridad Social para afrontar las pensiones.

Fuentes:

Stop Rumores (2013). “Rumores”. www.stoprumores.com

Expansión (2015). “Los inmigrantes aportan al Estado más de lo que reciben… también en plena crisis”. http://www.expansion.com/2011/05/04/economia/1304527911.html

Instituto Nacional de Estadística (2015). “Encuesta de Población Activa cuarto trimestre de 2015”. http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0415.pdf