Más de 900 personas mueren en el naufragio del barco en las costas de Libia. Más información

El Mediterráneo se está convirtiendo en la mayor tumba de vidas y esperanzas. Mientras sea tan diferente la situación entre las dos orillas, una próspera y en paz, otra pobre y consumida por las guerras, el éxodo no se detendrá. Un problema de esta naturaleza no se resuelve solo con vallas de espino. Es preciso un cambio de estrategia.

La Comisión Europea ha tomado por fin conciencia de la emergencia y estudia un nuevo modelo de gestión. Pero cuantas vidas más tendrán que caer para concienciar a una sociedad y a unos políticos encerrados  en la comodidad occidental y con la cabeza metida en la tierra, sin ser capaces de mirar la realidad del resto del mundo.