Para entender lo que es el desarraigo nada mejor que un testimonio. Hace muy poco, Diego de 18 años, que acaba de  migrar de Buenos Aires, decía: “al principio cuando volvía a casa no podía entender cómo no estaba en mi cuarto, ese cuarto adonde volvía no tenía nada que ver conmigo, ¡como extrañaba mi cuarto!, ¡qué rabia me daba!

Más allá de los duelos que hace el sujeto que emigra, el extrañamiento, que más allá de la tristeza, puede generar un sentimiento de ataque a la entidad. Que a su vez puede provocar, como reacció, odio al nuevo hábitat y hacer fracasar un proyecto migratorio.

Diego: “un domingo de primavera soleado, de esos agradables. Bajo a buscar el diario, ya soy suscriptor de ese periódico. Me doy prisa, no por temor a que no esté, que me lo hayan robado, temor que seguramente tendría en Buenos Aires, sino porque las últimas ya están algo rotas. Llegando al kiosko me saluda el florista con quien intercambiamos pareceres acerca de fútbol, sobre los jugadores argentinos, luego me acerco al diariero que me alcanza el diario sin que se lo pida. Al acercarme a la granja (bar) donde me tomo mi desayuno al sol, soy recibido con una sonrisa de Karina, la camarera peruana, que tolera que vaya a por mis croissants a la panadería de enfrente.

Luego con mi croissant, mi café con leche y mi diario, me siento en una mesa al sol, y aunque muchos parroquianos ya me conocen, por lo tanto no soy extraño, estoy solo, mis dialogos hasta ahora han sido amables pero cortos y por cosas concretas.

No es una sensación incómoda, me siento cómodo, reconocido pero hasta ahí, debo aceptar que no soy una presencia molesta pero si ajena al resto, como me son ajenas las historias de los demás. Pienso que el inmigrante debe aceptar y convivir con esos sentimiento, ajenidad y soledad, aunque ya tenga incorporados nuevos hábitos y sena alguien para los demás, pero ese ser alguien para los locales aunque sea con respeto, será también con distancia.

El inmigrante no puede exigir más porque por  más que se esfuerce, el nacional no puede dar más ya que los locales no comparten una historia con el inmigrante como el inmigrante no comparte una historia con el local”.

FUENTE: “Migración y Desarraigo”. Roberto M. Goldstein